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domingo, noviembre 20, 2011

L ANIVERSARIO DE CABAÑA VERÓNICA

CRÓNICA DE UN CUMPLEAÑOS




Madrugadores: Miguel Lusilla y Joan Garrigós, secretario general y presidente de la Federación Española


La lata de sardinas más bonita de la montaña española ha cumplido medio siglo. Cincuenta años que han visto el discurrir de miles de montañeros por la encrucijada más notable de los Picos de Europa. Desde la Liébana parten las sendas que conducen a la Vega de Urriellu, bajo el tótem cantábrico, y de ahí a Puente Poncebos por la mítica aldea de Bulnes o a Sotres por la tostada hierba de Pandébano, también al alpino enclave de Los Cabrones por la Corona del Raso. Al Collado Jermoso por los Tiros de Casares o el vertiginoso Tiro Callejo. A Caín por la imponente Canal de Dobresengos. Al Torrecerredo por Los Urrieles, bajo los Picos Arenizas y la Horcada de Don Carlos. Hito indispensable para alcanzar los 2600 más hermosos: La Torre blanca, La Torre sin Nombre, el Tiro Tirso y el Llambrión. Escala obligada en las sencillas ascensiones al Tesorero o a Horcados Rojos, ambas cumbres, inicio de cientos de pasiones montañeras.

Los vientos de acero que la anclan a la caliza que surgió del fondo del océano vibran en las noches de temporal acunando al viajero. Cabaña Verónica: el faro de los Picos.



Con Susana Sentíes


El relevo


El ingeniero Conrado Sentíes y el arquitecto Luís Pueyo fueron los artífices e impulsores del refugio. Sus hijos Susana y Luis se encontraban allí.

En una mañana fresca, a eso de la una de la tarde –antes, muchos participantes habían ascendido al Pico Tesorero y a Horcados Rojos- desde las escaleras del túnel de acceso al refugio (atendido por Javier), Susana Sentíes afirmó con la sensibilidad que solo transmite la emoción sincera, que sentía la presencia de su padre, Conrado; de su hermana, Verónica; y del Guarda histórico, Mariano. Seguro. Son otros vientos que fijan Cabaña a la tierra y a nuestros corazones, otros tensores que no se ven, que ya no están entre nosotros, aunque soporten más fuerza que el acero. Susana, leyó una vieja carta escrita por su padre, hermosísima, lo más brillante del acto.



Los nuevos guardas Jose y Kike

Joan Garrigós barrió para casa. El presidente de la Federación Española de Montañismo que asistió al acto acompañado por el secretario general de la misma Miguel Lusilla afirmó categórico que los refugios son necesarios y su mantenimiento indispensable. Verónica más: eso lo dio a entender el sargento del GREIM con base en Potes, Pedro Fernández: «desde 1981 el refugio de Cabaña Verónica se cita en decenas de informes de rescates como punto de apoyo y medio de comunicación permanente con la emisora del cuartel de Potes».





En la puerta, el inolvidable Mariano


Javier Tezanos, presidente de la Federación Cántabra estaba feliz. Pienso, que hasta sorprendido por la masiva asistencia de montañeros al acto. Puso especial acento en agradecer dicha presencia, y recordó de manera significativa al histórico Club Alpino Tajahierro.



Susana


Pedro del GREIM de Potes



Cholo y Javi, como escaladores y alpinistas, insistieron en la posición estratégica de Verónica y tuvieron palabras de afecto y cariño para los nuevos guardas, Jose Pasalodos y Kike. Como mis amigos, el mejor regalo fue verlos juntos.





Más tarde, se inició el descenso hasta los Hoyos de Lloroza. Allí, una comida campestre a la vera de “Cabaña Ventisca” reunió a los participantes en los actos, entre los que se encontraban representantes de las federaciones Vizcaína y Alavesa, así como de Castilla y León. Es de destacar la colaboración del Hostal Remoña, representado por la presencia de Jesús senior, un paisano inigualable con el que es un placer departir, y más, con el jamón que aportó a la fiesta.

Durante toda la jornada, una persona coordinó de forma y manera impecable todos los actos, incansable, atenta, y emocionada a ratos, Arantxa Villanueva, secretaria general de la federación cántabra puede estar satisfecha de su labor, y de la de sus compañeros de directiva allí presentes.





Jose y Kike, los guardas, ejercieron de anfitriones, y como no podía ser menos, se marcaron una paella de “altura” , más tarde, dejaron impoluta a la vega.

A media tarde, en la estación superior del teleférico de Fuente De, una magnífica exposición de fotografías que recorrían esos cincuenta años de Verónica despedía a los participantes.

Fue muy hermoso ver a montañeros y alpinistas de todas las generaciones compartir la jornada. Fue muy hermoso recordar a los que ya no están… porque en realidad, sí están.

Gracias Refugio, entrañable Cabaña.


¡Y a cumplir otros cincuenta!

.................................................. Alfredo Íñiguez 2011




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