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viernes, marzo 04, 2011

Mi Sporting


¡A les dures"


La primera vez que M.ª José me dijo: Alfredín, hay que bajar a por un caldero de carbón a la calle "los Ratones", flipé. Debo ser mayor, me dije. Una cosa es que te mandaran a la "tiendina "a por un poco de jamón de York, y de propina, mamá se dejara engatusar como sólo las madres saben hacerlo… ¡Trae algo para merendar Javi y tú! Y otra muy diferente ,un "raid" en toda regla a por el combustible del hogar.

Molaban unas rosquillas Rio, las galletas Chiquilín, las espectaculares natas de Artiach o aquellas Palmeritas sólo superadas por las míticas patatas Pumarín, pregonadas en San Lorenzo por aquellos buhoneros, dueños de los territorios que se extendían de la Rampa al Rinconín… a la orden de tu progenitora, ponían en tus manos las patatitas: esas, que te cortaban el paladar, de lo crujientes y afiladas que estaban. Los chiquillos, sabíamos de fuentes de toda solvencia el valor añadido de la auténtica Pumarín. ¡Había que comerla en la Playa! …y con sal asgalla… ¡Cojones!

La calle "Los Ratones", la santa tenga a bien perdonarme, era la Teresa de Jesús. Sin asfaltar, estaba adornada por dos chatarrerías y el almacén de carbones de Trémols y Peláez. A la vuelta de la esquina, en la calle Prendes Pando , el imborrable taller de bicicletas de Pin frente a la cerrajeria de Sampedro, y cruzando Calvo Sotelo, el quiosquín de madera , adornado de estufa y chimenea, en la esquina de Bécquer frente al "Chaflán." Al lado ,"Casa Colás", donde el apreciado escritor y periodista, Avelino Moro, repasaba sus escritos de manera cervantina, en una pequeña mesa solitaria bajo la observancia respetuosa de los parroquianos. Bécquer arriba, el inolvidable quiosco del Jefe, donde cambiábamos los tebeos y mercamos los primeros cigarrillos sueltos. Ahora, está prohibido.

Caza mayor de buen tamaño, era la presa de los guajes más aguerridos del barrio, armados de buenos gomeros con munición de alcayata y a pedrada limpia, de vez en cuando, alguna rata, a veces, un infame aguarón, caía presa de nuestra osada cruzada. Siempre aplaudidos por algunas de las madres; que a día de hoy, creo que se turnaban para vigilarnos desde las ventanas de las cocinas, dábamos muerte a tan temidos roedores, portadores arcanos de mil males y causantes de no pocos ataques de pánico en la barriada. Hoy, seguro que habría que sacar licencia...

Creo que fue durante los años de las primeras expediciones a por carbón, cuando mi padre me dijo que un señor, vecino de escalera, había sido jugador del Sporting. Con apenas tres años me llevaron a vivir al barrio, y siempre me llamo la atención aquel señor, muy alto, discreto y elegante, un ejemplo impagable de urbanidad. Hace unos cuantos meses, nos quedó una imagen entrañable en la retina. Una foto, la de Gundemaro y el Brujo, probablemente, la humildad que siempre adornó a Paniceres, y un cierto despiste sportinguista, ha impedido una mayor repercusión en el homenaje al hombre que enchufó el primer gol del equipo en primera división, eso es historia. Cuando, en ocasiones, subo con él en el ascensor me apetece decírselo, pero me callo. Creo, me impone el mismo respeto que hace cuarenta años. Pase lo que pase esta temporada, dentro de medio siglo se recordarán estas últimas temporadas bajo la dirección de Preciado, al igual que el gol de Paniceres o el subcampeonato de liga y las finales de Copa, fijo.

La principal virtud de un entrenador de club ha de ser la humildad. La segunda, es de Perogrullo, con los mimbres, sean los que sean, hacer un cesto. Y los cestos que Manolo ha trenzado aguantan lo que les echen. Hay veces, sobremanera esta últimas campañas en primera, que el Sporting se parece a Stallone en Rocky, encajando unas palizas de órdago y soltando un par de ganchos- o tres, espero- por su sitio, in extremis. Esta temporada, tiene peligro. Es más,estamos contra las cuerdas. A ver, sí cambia el tiempo que estos días adorna nuestro Cantábrico. Ya no valen despistes, hay que ganar.

Y... si los dioses nos negaran su concierto, encajarlo como gladiadores y seguir trabajando...La diferencia entre el Sporting y el Barça está clara, los catalanes hacen el mejor fútbol que se recuerda desde la Naranja Mecánica, ganan todos los títulos y salen a la calle ¿Cuántas personas? ¿El veinte por cien de la población de la ciudad Condal y satélites aledaños?.. Ni siquiera. El Sporting sube a primera y está toda la Villa de Jovellanos en la calle, incluido el reino animal.

Si de verdad, el equipo está saneado gracias al esfuerzo de un Mister que asumió, con un par, la ausencia de refuerzos-de los de verdad, seamos serios- estos años. Estemos donde estemos la próxima temporada, ya no valen ni gaitas ni tambores Pepín...Prenda , que vaya morro que tienes.

A veces,uno piensa lo que representa tener el circo futbolero más antiguo del país de Taifas en su ubicación original, en el entorno privilegiado del Piles, a la sombra de la Católica selva, a un paseín de la Escalerona, y a dos zancadas de la Guía. Hay ciudades que se mueren de envidia.

¡Hala Sporting!

A. Íñiguez. 2011

3 comentarios:

Blogger brojos ha dicho...

Que pluma tienes¡¡¡, pero de las d tinta, no seas mal pensado...Bien hiládo y magistralmente expuesto....como siempre.

p.d: no te cortes y díselo un día en el ascensor que seguro le haces feliz.

11:18 p. m.  
Blogger Isabel M. ha dicho...

Hola, Alfredo. La bloguera de al lado te envía un saludo, te felicita por el texto y te agradece que te hayas acordado de su padre, Avelino Moro. Yo creo que el bar era "Casa Paulino". Has descrito el barrio con excelente maestría. Recuerdos, recuerdos...Por cierto, las fotos de tus travesías de montaña son...¡una maravilla!

6:31 p. m.  
Blogger Alfredo Íñiguez ha dicho...

Correcto Isabel, el cartel ponía Bar Paulino, pero desde finales de los sesenta lo llevaban Nicolás y su mujer, que dicho sea de paso preparaba un higado encebollado de bandera. Nunca se molestaron en cambiar el cartel. Precisamente hace unos días me lo encontré en los Pericones, y está el paisano que da gloria verlo. Colás es de un pueblecito de la montaña leonesa muy próximo a La Vecilla y de apellido Fenar. El nombre no lo recuerdo. Tiene el matrimonio una hija (De mi quinta) que se llama Carolina y ejerce de veterinaría en la zona.
Tu padre y el mío se conocían bastante, a un lado la pasión sportinguista, mi padre (Alfredo) trabajó toda su vida en el área de las artes gráficas. Anda, que no aluciné de pequeño por los talleres del diarío Voluntad, El Comercio o la Imprenta Guillén en Fernandez Ladreda...¡Alfredín! ¡Cojones! ¡No metas la mano ahí!

Un placer saludarte, Isabel.

8:08 p. m.  

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